Encontrar un menú para grupos en Guinardó parece una tarea sencilla hasta que intentas poner de acuerdo a diez, quince o veinte personas. Uno quiere carne, otro pescado, alguien pregunta por el precio antes de haber confirmado si viene y siempre existe esa criatura misteriosa que responde “a mí me da igual” para después poner pegas a cuatro restaurantes seguidos. Por eso, cuando toca organizar una comida o cena con bastante gente, simplificar las decisiones no es comodidad: es supervivencia social.
Una celebración familiar, una comida de empresa, un cumpleaños o una reunión de amigos deberían empezar con ganas de verse, no con una hoja de cálculo que parezca preparada para controlar el aterrizaje de un cohete. Sin embargo, cuando el grupo crece, también aumentan las decisiones: dónde reservar, cuánto gastar, qué comer, cómo organizar la mesa y, por supuesto, quién confirma de verdad.
Por eso los menús diseñados específicamente para grupos tienen bastante sentido. Permiten saber de antemano qué tipo de comida habrá, cómo se compartirán los primeros platos y qué presupuesto debe calcular cada persona. Además, facilitan que el servicio mantenga un ritmo similar para todos, algo bastante importante cuando alrededor de la mesa ya no caben precisamente cuatro amigos tomando unas tapas.
Elegir un menú para grupos en Guinardó también permite solucionar otro problema frecuente: encontrar un lugar cercano en Barcelona sin necesidad de organizar una expedición hasta la otra punta de la ciudad. Si el restaurante, además, cuenta con opciones pensadas específicamente para mesas grandes y espacios donde celebrar reuniones privadas, la organización empieza a parecer bastante menos dramática.
Por qué un menú de grupo hace que todo sea bastante más sencillo
Cuantas más personas participan en una comida, más posibilidades existen de convertir una decisión sencilla en una negociación internacional.
Con una carta abierta, cada comensal puede pedir cosas diferentes, cambiar acompañamientos, elegir entrantes por separado y empezar a hacer cálculos mentales sobre qué parte de cada plato debería pagar.
Un menú de grupo pone cierto orden en ese pequeño caos.
La fórmula habitual de compartir entrantes y escoger después un segundo permite mantener el componente informal de una comida entre amigos o familiares sin obligar a cada persona a diseñar individualmente su propio festival gastronómico.
Compartir primeros platos ayuda a crear ambiente
Hay algo especialmente apropiado en empezar una comida de grupo con platos en el centro.
En Dabutis, por ejemplo, los menús para grupos incluyen propuestas para compartir como tabla de embutidos ibéricos, pan de coca con tomate y aceite de oliva virgen extra, patatas gajo con salsa de la casa, chips de alcachofa con romesco, croquetas de pollo rustido y hummus con pan de pita y crudités.
Es decir, comida que circula por la mesa y obliga a interactuar un poco.
Aunque también permite descubrir rápidamente quién posee esa inquietante habilidad para localizar la última croqueta antes que nadie.
Después, cada persona puede escoger su camino
Tras los platos compartidos, los menús ofrecen diferentes segundos.
En el Pica-Pica A aparecen opciones como entraña de ternera gallega a la parrilla, dorada con verduras al wok o fideuá marinera. El Pica-Pica B incorpora alternativas como entrecot de ternera gallega, lomo de bacalao a la catalana y arroz marinero al horno.
De esta forma, el grupo comparte una parte de la experiencia, pero no todo el mundo termina necesariamente comiendo exactamente lo mismo.
Parece un pequeño detalle, aunque cuando reúnes a quince personas ya sabes que conseguir unanimidad absoluta sobre la comida está aproximadamente al mismo nivel que conseguir que todos lleguen puntuales.
Saber cuánto va a costar también evita dramas
Hablar de dinero antes de una celebración puede parecer poco romántico. Hablar de dinero después, cuando llega una cuenta gigantesca, suele ser bastante peor.
Uno recuerda haber bebido agua. Otro asegura que no probó el hummus. Alguien empieza a utilizar la calculadora del móvil con una intensidad propia de un auditor fiscal.
Por eso conocer previamente el precio por persona ayuda bastante.
Dos opciones de menú para diferentes presupuestos
Actualmente, Dabutis ofrece un menú Pica-Pica A por 29 euros por persona y un Pica-Pica B por 35 euros por persona, ambos con IVA incluido. Incluyen los platos previstos en cada propuesta, postre y determinadas bebidas según las condiciones indicadas por el restaurante.
La diferencia de seis euros entre ambas opciones permite escoger según el tipo de celebración y los platos principales que interesen más al grupo.
Y seis euros pueden parecer poca cosa individualmente, pero en una mesa de veinte personas ya estamos hablando de 120 euros de diferencia. Traducido al idioma universal de cualquier celebración: unas cuantas rondas, varios taxis de vuelta a casa o una respetable colección de cafés que alguien siempre propone cuando ya deberíais estar levantándoos.
Mejor dejar las condiciones claras desde el principio
También conviene revisar qué incluye exactamente el menú.
Según las condiciones publicadas por Dabutis, se incluye una bebida por persona o una botella de vino por cada tres personas, mientras que los cafés no están incluidos. El restaurante también especifica que el precio es por persona y que la cuenta no se cobra por separado.
Saberlo antes evita esa maravillosa tradición de descubrir las condiciones cuando todo el mundo está sacando la tarjeta.
¿Y si queremos un espacio solo para el grupo?
Hay celebraciones en las que compartir restaurante con otras mesas no supone ningún problema.
Y luego están esas reuniones en las que sabes perfectamente que vuestro volumen de conversación irá subiendo aproximadamente un 12 % cada veinte minutos.
Para esos casos, contar con un espacio separado puede tener bastante sentido.
Una sala privada para hasta 20 personas
Dabutis dispone de un salón privado con capacidad para 20 comensales, pensado para celebraciones, reuniones, comidas de empresa y otros encuentros de grupo. El espacio incluye un monitor en el que pueden mostrarse diapositivas, presentaciones o vídeos.
Esto amplía bastante las posibilidades.
En una comida de empresa puede utilizarse para realizar una pequeña presentación antes de sentarse a comer. En un cumpleaños permite proyectar fotografías o vídeos. Y en una reunión familiar siempre existe la posibilidad de recuperar imágenes antiguas y recordar a algún pariente que aquella combinación de peinado y camisa ocurrió de verdad.
También se pueden consultar eventos más grandes
El propio restaurante indica que puede organizar eventos privados para un número superior de comensales bajo consulta. Además, la reserva de su salón privado requiere actualmente un depósito de 50 euros.
Por eso, si el grupo empieza a crecer peligrosamente porque alguien ha decidido invitar a “dos o tres más” y esos dos o tres han sufrido una misteriosa multiplicación, merece la pena consultar previamente las posibilidades.
Qué tipo de encuentros funcionan bien con un menú para grupos
No hace falta esperar a una boda, una comunión o un acontecimiento que obligue a comprar ropa nueva.
Una comida de grupo puede tener bastante sentido para celebrar un cumpleaños, reunir a la familia, despedir a un compañero de trabajo, organizar una comida de Navidad o simplemente conseguir que ese grupo de amigos que lleva seis meses diciendo “tenemos que quedar” finalmente lo haga.
Comidas de empresa sin montar una convención
En el entorno laboral, los menús de grupo resultan especialmente prácticos porque permiten fijar un presupuesto de antemano.
Además, disponer de un salón privado puede facilitar pequeñas reuniones, presentaciones o celebraciones del equipo sin necesidad de alquilar un espacio enorme para veinte personas y acabar con una sala en la que sobra más sitio que en un aeropuerto de madrugada.
Cumpleaños y celebraciones familiares
Para cumpleaños y reuniones familiares, la ventaja está sobre todo en poder sentar a todo el mundo junto y reducir las decisiones.
El homenajeado debería estar celebrando.
No gestionando durante toda la comida si la tía Carmen ha recibido correctamente su segundo mientras alguien pregunta por tercera vez dónde puede dejar el carrito.
Comer juntos sin convertir la organización en otro trabajo
Una comida con mucha gente siempre necesita cierta organización. Eso no se puede evitar.
Lo que sí se puede evitar es complicarla gratuitamente.
Cerrar una cifra aproximada de asistentes, establecer un presupuesto, elegir un menú preparado para grupos y reservar con antelación elimina buena parte de los problemas habituales.
Además, cuanto antes esté resuelta la parte logística, menos mensajes absurdos tendrá que soportar el grupo de WhatsApp.
Y eso ya es una pequeña victoria.
La clave está en simplificar decisiones
Cuando todos conocen el lugar, el precio y el funcionamiento del menú, quedan pocas cosas importantes por discutir.
Hora.
Número definitivo de asistentes.
Y quizá quién llega primero para guardar sitio al inevitable amigo que aparecerá veinticinco minutos tarde diciendo que “había muchísimo tráfico”.